03/05/2005

Traslado

Nos hemos trasladado a la siguiente dirección:

http://leeme.irccultura.com

Allí os esperamos de ahora en adelante, muchas gracias.
03/05/2005 18:31 Enlace permanente. No hay comentarios. Comentar.

15/04/2005

Gracias Jeeves (y otros), de P.G. Wodehouse

jeeves.jpg-Caramba, Jeeves, es un compromiso eso de describir uno de los libros que escribió el tal Wodehouse sobre usted.
-Lo lamento mucho señor, ese hecho es algo que excede mis competencias.
-No es como si tuviera que vender sus excelencias para colocarle en casa de algún otro caballero, se supone que he de describir sus méritos y su comportamiento, y aunque lleva usted varios años a mi servicio, y reconozco que ha conseguido evitarme algunos daños memorables; como cuando quise casarme con aquella Gladys que coleccionaba mastines, o cuando me empeñé en llevar un chaleco verde con cuadros morados a las carreras de Ascot, no todo sería poner guirnaldas a su paso, Jeeves.
-Sirvo al señor lo mejor que sé, señor.
-Ciertamente un valet de chambre como usted es el contrapunto ideal para un joven licencioso y dado a la molicie como yo en estos tiempos victorianos que corren y en este imperio británico. Ya ve, un socio del "Club de los Zánganos", tan selectivo, ha de mantener una cierta imagen de disipación y vacuidad. No quiero que me confundan con uno de esos petimetres de la city. Hay que vivir la vida, Jeeves, es un consejo que le doy. ¿Tiene ya ese té y esos sandwiches de pepino, Jeeves?
-Sí señor, me he permitido añadir un trozo de tarta de la cocina de mistress Travers.
-Ah, excelente idea, Jeeves. ¿Está usted en buenos términos con el cocinero francés de mi tía Dahlia, o más bien le atrae a su cocina cierta criadita de la casa?
-Ciertamente una visita a Brinkley Court en mi tarde libre no carece de atractivo, señor, monsieur Anatole es un generoso anfitrión en el ala del servicio, y la presencia de la doncella a que se refiere el señor contribuye a estimularme a frecuentar aquella mansión.
-Sé a lo que se refiere, Jeeves, yo mismo me he visto en algún momento de mi vida interesado por una cara bonita. Vaya con cuidado, Jeeves, suelen ocultar pérfidamente los más ingeniosos mecanismos a fin de acabar con la vida bohemia, feliz y despreocupada de los más cándidos solteros. Desdichado el que sucumbe bajo sus garras enguantadas en fina seda.
-Agradezco mucho su advertencia, señor.
-¿Ve, Jeeves? No siempre va a ser usted quien me saque de los más endiablados enredos con su portentoso ingenio
-El señor me honra con sus comentarios.
-Jeeves, esa mención al cocinero de mi tía me ha hecho recapacitar. Desearía volver a probar esa deliciosa crême boullabaise, y el gigot d'agneau au vin, ah, y su glorioso canard à l'orange. ¿Usted cree que la vieja bruja habrá olvidado ya que teñí a su perrito faldero de azul?
-Lo considero muy probable, señor, ha llegado a mis oídos que la prima del señor, la señorita Travers fue sorprendida carteándose con un caballero yanqui, lo que ocasionó no poco revuelo entre sus mayores, por lo que aquel pequeño descuido habrá cedido su lugar en la memoria de su tía a preocupaciones más inminentes y perentorias.
-Ah, mi dulce primita siempre tan díscola. No se hable más, Jeeves, meta el cepillo de dientes en una bolsa y partamos en busca de tan sabrosas viandas. ¡Todo sea por la familia, Jeeves!
-Sí, señor.

Etiquetas: , ,

15/04/2005 20:41 Enlace permanente. Tema: Léeme. Hay 1 comentario.

La amistad vista por "El Principito" de Antoine de Saint-Exupèry

principito.jpgDe “El principito” de Antoine de Saint-Exupéry, una cándida y acertada descripción de la amistad incondicional.

—No —dijo el principito—. Busco amigos. ¿Qué significa «domesticar»?
—Es una cosa demasiado olvidada —dijo el zorro—. Significa «crear lazos».
—¿Crear lazos?
—Sí —dijo el zorro—. Para mí no eres todavía más que un muchachito semejante a cien mil muchachitos. Y no te necesito. Y tú tampoco me necesitas. No soy para ti más que un zorro semejante a cien mil zorros. Pero, si me domesticas, tendremos necesidad el uno del otro. Serás para mí único en el mundo. Seré para ti único en el mundo...
—Empiezo a comprender —dijo el principito—. Hay una flor... Creo que me ha domesticado...
—Es posible —dijo el zorro—. ¡En la Tierra se ve toda clase de cosas...!
— ¡Oh! No es en la Tierra —dijo el principito. El zorro pareció muy intrigado:
—¿En otro planeta?
—Sí.
—¿Hay cazadores en ese planeta?
—No.
— ¡Es interesante eso! ¿Y gallinas?
—No.
—No hay nada perfecto —suspiró el zorro. Pero el zorro volvió a su idea:
—Mi vida es monótona. Cazo gallinas, los hombres me cazan. Todas las gallinas se parecen y todos los hombres se parecen. Me aburro, pues, un poco. Pero, si me domesticas, mi vida se llenará de sol. Conoceré un ruido de pasos que será diferente de todos los otros. Los otros pasos me hacen esconder bajo la tierra. El tuyo me llamará fuera de la madriguera, como una música. Y además, ¡mira! ¿Ves, allá, los campos de trigo? Yo no como pan. Para mí el trigo es inútil. Los campos de trigo no me recuerdan nada. ¡Es bien triste! Pero tú tienes cabellos color de oro. Cuando me hayas domesticado, ¡será maravilloso! El trigo dorado será un recuerdo de ti. Y amaré el ruido
del viento en el trigo...
El zorro calló y miró largo tiempo al principito:
—¡Por favor... domestícame! —dijo.
—Bien lo quisiera —respondió el principito—, pero no tengo mucho tiempo. Tengo que encontrar amigos y conocer muchas cosas.
—Sólo se conocen las cosas que se domestican —dijo el zorro—. Los hombres ya no tienen tiempo de conocer nada. Compran cosas hechas a los mercaderes. Pero como no existen mercaderes de amigos, los hombres ya no tienen amigos. Si quieres un amigo, ¡domestícame!

Etiquetas: ,

12/04/2005

Mujeres de ojos grandes, de Ángeles Mastretta

mujeresojosgrandes.jpg Había una luna a medias la noche que desquició para siempre los ordenados sentimientos de la tía Inés Aguirre. Una luna intrigosa y ardiente que se reía de ella. Y era más negro el cielo que la rodeaba que adivinar por qué no pensó Inés en escaparse de aquel embrujo…

Mi madre llegó un buen día, lo mismo que suele llegar otros tantos, con un libro y preguntándome si lo había leído. Tenemos costumbre de intercambiar lecturas. “¿Tienes algo nuevo?”, “¿Has comprado algún libro”?, “¿Conoces éste?”,…
Ella traía consigo una edición que forma parte de una colección, Escritoras de Hoy, y de una tal Mª Ángeles Mastretta. Concretamente, Mujeres de ojos grandes.
Es curioso esto de asociar. Mi primera impresión fue que sería una novela sin más. Un novelón sobre matriarcados de la belle époqueo de heroínas principiosiglares. Lo cierto es que esta grata sorpresa que tuve conforme me iba adentrando en los pequeños y pequeñísimos relatos, me obligaba irremediablemente a pasar páginas al igual que vas mirando con ansias las fotos recién reveladas una por una.
Gracias al descubrimiento de singularísimas personalidades de las protagonistas mujeres y ciudadanas de Puebla – México – es posible extraer, no reivindicaciones evidentes feminiles, sino visiones variopintas de la situación mujeril en ese contexto, con un lirismo refinado y en donde el sentido del humor no es incompatible con el dramatismo de las historias de vida. Las chanzas y las anécdotas sobresalen con ingeniosa alevosía.
Tía Daniela, tía Eugenia, tía Pilar y Marta, tía Jose Rivadeneña, …
Mujeres de ciencia de ojos grandes.

Etiquetas: , , , ,

12/04/2005 19:07 Enlace permanente. Tema: Léeme. Hay 1 comentario.

Cuerda de presos, de Tomás Salvador

cuerda.jpgCon su permiso. Mi nombre es Serapio Pedroso Buján, para servir a Dios, a la Benemérita y a usted. Sí, soy un guardiacivil de los de hace... mucho tiempo, de cuando el señor Silvela era ministro de la Gobernacióny aquí me veo, embarcado por órdenes superiores en una conducción. Ah, que no sabe usted qué es eso de una conducción. Ya. Pues que un servidor, acompañado por otro guardia, uno joven y novato que se llama Silvestre Abuín Corvino, nos vamos a llevar a un preso desde Murias de Paredes, en tierras de León, hasta las Vascongadas, para que le den garrote. Andando, sí señor. El preso es Juan Díaz de Garayo y Argandoña, por mal nombre "El Sacamantecas" y también "El Zurrumbón". Lo llevamos atado de manos, y uno a cada lado, con los naranjeros cargados y con órdenes extrictas en caso de que se dé a la fuga.
Yo, sabe usted, sólo quiero acabar el servicio lo antes posible y sin problemas, por eso duermo con un ojo abierto, que para el nuevo es su primera conducción y tiene mucho que aprender aún. Y para el preso es la última y no tiene nada que perder, si no es antes de tiempo. Ya ve usted qué linda excursión sería si no tuviera que compartir uno camino con un asesino, que a saber lo que estará discurriendo para escabullírsenos o hacernos algún daño. Encima, claro, hay que evitar las carreteras principales, que esto no es un espectáculo público, así que aquí vamos, tragando polvo de varias provincias, durmiendo cada día en un municipio, de cuartelillo en cuartelillo, de ayuntamiento en ayuntamiento, y recibiendo la etapa que nos dan de rancho, y alguna cosa que siempe cae porque las buenas gentes se apiadan del reo y sus conductores. Lo largo que se hace, y que conviene no caer en el aburrimiento, pero tampoco es cosa de darle conversación al reo, claro, que, además, bastante tiene con sus pensamientos. El guardia Silvestre y yo, y el otro, nos vamos encontrando con gente de todos los pelajes en cada jornada, y todos tienen algo que decir y aun mucho que silenciar el rato que nos acompañan, o en el que nos cruzamos, ante una bota de vino y una hogaza de pan y su queso o su chorizo. Por todas partes despierta curiosidad, y no poco espanto, esta estampa que formamos, los dos tricornios con el penado en medio, y esa cara que traemos los tres, de cansancio, de pena, de miedo y de rencor. Hay de todo en los caminos, desde los chiquillos que quieren tirarle piedras, hasta la vieja que se santigua y se esconde; desde el campesino que te obsequia con lo poco que tiene para comer, hasta el que increpa al preso por rufián o a nosotros por ser sus verdugos. Y así de Murias a Vagarienza, de La Robla a Boñar, de Cegoñal a Puebla de Valdavia, de Poza de la Sal a Pancorbo, todo el camino hasta Vitoria, a escribir el punto final, entregar al reo, recoger el recibo y vuelta a León, pero esta vez ya con el fusil colgado, y sin cartucho.
Y luego el señor Cánovas tiene el cuajo de llamarnos asesinos en el Congreso, y cállate, Serapio, que me queda poco para la jubilación y ya que no me han ascendido a cabo, ni falta que me hace, al menos que acabe la fiesta en paz. Al menos al señor que escribió todo esto le dieron el Premio Nacional de Literatura y el Ciudad de Barcelona, él sí que sacó beneficio a costa nuestra.
Quede usted con Dios y disculpe el atrevimiento.

Etiquetas: , , ,

12/04/2005 18:14 Enlace permanente. Tema: Léeme. No hay comentarios. Comentar.

11/04/2005

El alquimista impaciente (y otros), de Lorenzo Silva


-Yo le tengo mucho respeto a Bevilacqua, es una persona cabal, aunque a veces se va por los cerros de Úbeda y se le nota que es un poco filósofo, claro, por algo dejó psicología para meterse en la Benemérita.
-¿Qué dices, Chamorro?
-Nada, mi sargento, que para ser picoleto eres un poco filósofo.
-Pues tú no eres precisamente la imagen tópica del guardiacivil.
-Ya. Serán las tetas.
-Bueno... tampoco hace falta que me mires así.
-Le estaba explicando, aquí al paciente lector, tu vida y hazañas, así por encima.
-Pues no sé yo si soy tan filósofo.
-Venga, pues dilo tú mismo, joder, mi sargento.
-Pero no te enfades.
-No me enfado
-Nací en Uruguay, hace treinta y seis años y apenas conocí a mi padre. Vine a España de chico, con mi madre, y despu´ñes de sufrir los desastres normales de la adolescencia gasté cinco años de mi vida en obtener una licenciatura en psicología. Su comprobada inutilidad, unida a la angustia del paro, me indujo a ingresar en la Guardia Civil. De la década larga que llevo en el Cuerpo guardo el recuerdo más o menos nítido de un buen número de homicidios. Algunos tuvieron la complicación justa para poder resolverlos, que es por lo que me pagan; otros fueron demasiado simples o estaban demasiado embrollados y no fui capaz de sacar nada coherente de mis pesquisas. De todos ellos perdura en mí, por encima de cualquier otro vestigio, una amarga conciencia de lo mucho que puede llegar a desear la gente avasallar a otra gente. Ésa es, de tanto experimentarla, la única certidumbre sobre la existencia que está a salvo de mi escepticismo.
-¿Y a mí no me nombras, mi sargento?
-Tú merecerías tus propios libros, Virginia.
-Va, que a mí no se me da lo literario.
-A lo que no termino de acostumbrarme es a ver a la guardia Chamorro, veinticinco años recién cumplidos y una visión idealista de la vida tratando con alguien acerca de los sórdidos pormenores de un crimen. Más bien me pasma la naturalidad con la que, esta mujer, que ya viene de familia de picoletos, puede convivir con el horror. Además ha tenido que soportar la desconfianza y el retintín de tantos hombres, uniformados o no, que ha hecho de la tarea de desacreditar las reticencias masculinas una especie de cruzada personal e intransferible.
-Vaya, ahora soy reticente.
-Eso es, estatura media, bien formada, cabello castaño, de aspecto agraciado... y reticente. Esa eres tú, Chamorro.
-Con descripciones así no se asciende, mi sargento, ni te darán el Planeta, como al autor del libro.
-Al autor del libro no le caemos bien, le gustan más sus otros libros, los "serios", que no son novelas de guardias y malos.
-Con todos los respetos, mi sargento, que se joda.


Literatura de la buena, o sea: novela policial. De amena lectura, entretenido, con una gran dosis de intriga bien llevada, el autor, Lorenzo Silva, acaba de pulir lo que puede ser una pareja de policías que hagan historia en la novela española. La pareja de la Guardia Civil, esta vez integrada por un sargento rebotado de la carrera de psicología, y una caba de familia de picoletos de toda la vida, se te convierten en cuatro páginas en un par de amigos entrañables con quienes te familiarizas enseguida. La novela trata de gente normal, con la que te cruzas a diario, y de algunos que sobresalen de entre la masa, pero que tampoco te son ajenos. Y la trama, qué bien llevada, con qué talento y sencillez, sin hechos jolivudianos, pero con golpes que te sorprenden (que al fin y al cabo de eso va la cosa de intriga) y que a la vez, encuentras lógicos. Lo que más me gusta de las novelas policiacas es que no haya nada traído por los pelos. Y en esta está todo bien razonado. Es la segunda novela de los personajes, el sargento Bevilaqua y la caba Chamorro, la primera se titula "La niebla y la doncella", y la tercera "El lejano país de los estanques". Hay una cuarta con cuatro cuentos (Nadie vale más que otro), y espero que Silva se dé a escribir más de lo mismo. Por cierto, su narrativa, impecable, de esa que estás leyendo, y que te divierte, y de repente tienes que parar un momentito, porque entre los fideos y los viajes en auto, y el malo y la chica, te mete uno de esos pensamientos profundos que te reconcilian con la novela de polis.
Visita la web del autor del libro: Lorenzo Silva

Etiquetas: , , ,

11/04/2005 19:52 Enlace permanente. Tema: Léeme. Hay 2 comentarios.

07/04/2005

Oyendo música en la corte del hada Morgana.

yanqui.jpgPasaje muy edificante de "Un yanqui en la corte del rey Artus", de Mark Twain. Siempre he abominado de la pena de muerte, excepto en casos execpcionales, como cuando se trata de malos músicos.

En una galería había una banda de címbalos, cuernos, trompetas y otros instrumentos de suplicio, que amenizó el banquete con una serie de sonidos discordantes que parecían el lamento de un moribundo. Tratábase, según supe más tarde, de una pieza nueva, y tuvo que ser repetida varias veces. No sé por qué motivo, pero lo cierto es que, después de comer, la reina ordenó que fuese ahorcado el autor de aquella... melodía.
...
La pobre reina se hallaba tan asustada y humillada, que no se atrevía a hacer ahorcar al compositor sin consultarme. Me daba mucha pena... En realidad, a cualquiera se la hubiese dado, porque estaba verdaderamente agobiada, sufriendo horrores. Me sentí dispuesto, pues, a hacer todas las concesiones razonables y a no llevar las cosas a sus últimas consecuencias. Reflexioné profundamente y acabé por ordenar que acudieran los músicos a nuestra presencia, a tocar y cantar aquel cuplé, sinfonía, pasodoble o lo que fuese... Lo hicieron inmediatamente. Vi que la reina tenía razón y le di permiso para ahorcar a todos los de la banda.

Etiquetas: , , , ,

La forma del agua (y otras), de Andrea Camilleri

montalbano.jpgYo conozco muy bien al dottori Montalbano, en persona personalmente, digo, soy práticamente su secretario, estoy siempre al pie del cañón aquí en la comisería de Vigáta, en la hermosa Sicilia. El dottori es el comisario de la comisería y es el que nos manda a todos. A veces nos manda a la... bueno, no lo digo porque yo soy un endividio bien hablao. Manda sobre el surcomisario Augello, y sobre Fazio y Galluzo y los demás. Yo atiendo el teléfuno y tomo notas y doy los recados al siñor comisario. Hay que ser muy atento para poder enterase bien de lo que dice el personal y anotar bien los nombres.
-Catarella...
-Mande, siñor surcomisario.
-Como sigas hablando de ti se van a creer que tú eres el protagonista y no el comisario.
-Vale, pues siga usté. Si ya sé que soy el último pedo del culo yo en esta comisería ya lo sé...
-Salvo Montalbano es el comisario de Vigáta, una pequeña ciudad costera siciliana, aún con reminiscencias del pueblo pesquero que fue no hace tanto. Algunos, que le conocen poco, piensan que está un poco ido. Catarella, si vas a llorar vete a la centralita, anda. Los que tenemos más trato con él sabemos, definitivamente que en cualquier momento puede sorprendernos con las ideas más peregrinas. Es verdad lo de que tiene un genio de mil demonios, pero eso es fácil de controlar, sólo tienes que escaquearte cuando lo ves fruncir el ceño o colgar el teléfono con un golpe. Sobre todo si ha estado hablando con su novia. Ja, novia, a sus años, que andará por los cincuenta y. Y encima la tiene trabajando en Italia, bien lejos, para poder echar buenos polvos esporádicos sin ninguna de sus contraindicaciones. Bueno, salvo sus eternas regañinas telefónicas. El comisario, lo que sí que hace bien es comer. Caray cómo se cuida el tío. Por algo le puso de nombre Montalbano el autor de todo esto, en homenaje a Vázquez Montalbán y su detective-cocinero Carvalho. Allá donde va sabe el sitio idóneo para jalar, y todo buena cocina siciliana: albóndigas de pulpitos fritos, salmonetes de roca, pasta con tinta de calamar... Yo soy más de macarrones con abundante tomate, pero claro, yo soy milanés. Lo que come ese hombre... uf. Prohibido hablar mientras está moviendo el bigote. Dice que para tener la mente en blanco y asimilar mejor los sabores, pero yo creo que piensa. Sí, piensa en sus casos y en cómo resolverlos. Algunos de ellos se las traen. Claro, esto es Sicilia, ya saben, aquí la gente es poco dada a hablar, y encima si hay crimen siempre cabe la posiblilidad de que sea obra de la mafia, aunque a esos los tenemos bien calados. Pero este Salvo es un hacha. A veces me dice: Mimi, haz tal cosa, ve a tal sitio y haz esto. Y allá que voy y hago, porque sé que no me va a contar nada hasta que acabe lo que sea que pretende, y luego... te llevas cada sorpresa. Estoy bien aquí, y, encima, puedo ascender, porque este hombre evita los ascensos por todos los medios, el principal de los cuales es llevarse mal con la superioridad y los periodistas. Yo lo evito a él todo lo que puedo y santaspascuas.
Andrea Camilleri, ya era un señor muy viejito cuando logró el primer exitazo con la novela que abre el ciclo de Montalbano: "La forma del agua". Después llegaron "El perro de terracota", "El ladrón de meriendas", "La voz de violín", "La excursión a Tindari", "El olor de la noche", "Un giro decisivo", "La nochevieja de Montalbano", "Un mes con Montalbano", y "El miedo de Montalbano", los trés últimos de relatos cortos. Logramos ser los más vendidos en Italia, y traducidos a muchos idiomas.

Etiquetas: , , ,

07/04/2005 19:49 Enlace permanente. Tema: Léeme. No hay comentarios. Comentar.

Notas entre capítulos de la saga DUNE, de Frank Herbert

Limítate a la observación, y siempre dejarás de lado el objetivo de tu propia vida. Ese objetivo puede ser enunciado de esta forma: vive la mejor vida que te sea posible. La vida es un juego cuyas reglas aprendes si saltas a ella y la juegas a fondo. De otro modo, serás atrapada en equilibrio precario, viéndote sorprendida constantemente por los cambios del juego. Los no jugadores gimen y se quejan a menudo de que la suerte siempre pasa de largo por su lado. Se niegan a ver que pueden crear algo de su propia suerte...
La educación no es un sustitutivo para la inteligencia. Esa elusiva cualidad es definida tan sólo en parte por la habilidad en resolver rompecabezas. Es en la creación de nuevos rompecabezas que reflejen lo que tus sentidos informan cuando completas la definición...
La redacción de la historia es principalmente un proceso de diversión. La mayor parte de los relatos históricos distraen la atención de las secretas influencias que se hallan detrás de los grandes acontecimientos.

Etiquetas: , ,

07/04/2005 18:57 Enlace permanente. Tema: Párrafos favoritos. Hay 1 comentario.

06/04/2005

Memoria de mis putas tristes, de Gabriel García Márquez

mis_putas.jpgYo soy un libro pequeño, tan finito que no destaco en las estanterías porque apenas tengo cien páginas de chicha.
Si me toman y me abren, mi letra es grandota y redonda, como la de los cuentos infantiles, eso es porque mi autor, Gabriel García Márquez, es muy mayor (tanto como el protagonista de la historia que encierro en mis páginas) y como todos los ancianos, que en muchas cosas se parecen a los niños, gusta de una letra grande y fácil de leer para sus nonagenarios ojos.
Pero no soy un libro para niños, no, mi título “Memorias de mis putas tristes” ya lo indica, aunque quizá algún despistado pudiera tomar lo de las putas tristes por un postre tradicional. Sin embargo, leer mi primera página ya le sacará de dudas, “El año de mis noventa años quise regalarme una noche de amor loco con una adolescente virgen” dice la primera frase de mi primera página.
Y de eso va la historia escrita en mis hojas, de un anciano que busca el amor diría un lector sencillo, de los deseos ocultos del hombre diría la mujer adulta, de la morbosa atracción en la vejez hacia la infancia, diría escandalizado un melindroso. En esas páginas se habla de putas, de vergas grandes como la de un caballo, de niñas que venden su cuerpo, de viejos que lo compran y regalan perfúmenes y pendientes. Pero no se escandalicen, en realidad sólo se habla de un anciano que pasea por esas obscenas páginas buscando volver a vivir.
Ya me cierro y vuelvo a mi sitio en la estantería, que si les sigo contando, este comentario será más largo que yo mismo. Y no lo olviden, léanme y juzguen ustedes mismos.

Etiquetas: , , , , ,

06/04/2005 15:49 Enlace permanente. Tema: Léeme. Hay 4 comentarios.




Léeme

Si, como a nosotros, te apasionan los libros, te invitamos a leer, y te ofrecemos nuestra visión personal de algunos para ayudarte a elegir. Contribuye tú también, manda tu colaboración a leeme@irccultura.com

Temas



Archivos

Enlaces


Blog creado con Blogia. Derechos de autor con . Estadísticas. Suscribir RSS. Admin.
Blogia apoya: Fundación Josep Carreras, y Evento Blog España. Vota en los Premios Bitacoras.com [Blog Oficial en LaInformacion.com]